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Simbolismos auguran nueva era para Colombia

Fuser News

08/08/2022
Una imagen que pasó a la historia por su profundo significado fue el saludo del rey de España Felipe IV, quien se inclinó para estrechar la mano del jefe de Estado colombiano, una acción que escapa de la rigidez que caracteriza los protocolos de la "realeza" europea.

Karen Jiménez

La investidura de Gustavo Petro en la Plaza Bolívar de Bogotá, este domingo, fue un acto cargado de profundos simbolismos, expresados en los discursos, la indumentaria, la música y las imágenes, que auguran el inicio de una nueva era para Colombia con la llegada de la izquierda al poder.

Aunque el juramento del nuevo mandatario fue tomado por Roy Barreras, presidente del Congreso, la imposición de la banda estuvo a cargo de la senadora por el Pacto Histórico, María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro, candidato presidencial por el M19 en 1990, quien fue asesinado en un avión 47 días después de la firma del acuerdo de paz con Virgilio Barco.

Otra imagen que pasó a la historia por su profundo significado fue el saludo del rey de España Felipe IV, quien se inclinó para estrechar la mano del jefe de Estado colombiano, una acción que escapa de la rigidez que caracteriza los protocolos de la «realeza» europea.

Mención aparte merece la juramentación de Francia Márquez, primera mujer afrodescendiente en llegar a la Vicepresidencia, quien juró «ante Dios, sus ancestros y sus ancestras», enviando un mensaje de inclusión y rindiendo homenaje a la herencia africana que ella representa.

«Ordeno traer la espada»

Durante la toma de posesión, el presidente Gustavo Petro dio su primera orden al Ejército como jefe de Estado: traer la espada del Libertador Simón Bolívar, símbolo central de la ceremonia, dado su significado histórico, pues fue la que robó el M-19 al iniciarse como grupo de guerrilla, y devuelta en 1990 cuando depusieron las armas para convertirse en movimiento político.

Es así como la espada de Bolívar se convirtió en un símbolo de oposición al gobierno de Misael Pastrana -a quien se señaló de fraude electoral-, con la promesa de regresarla cuando el pueblo colombiano fuera libre de nuevo.

“Como presidente de Colombia le ordeno a la Casa Militar traer la espada de Bolívar. Una orden del mandato popular y de este mandatario ante el pueblo, ante el Congreso y ante el Estado”, fueron las primeras palabras del nuevo jefe de Estado colombiano.

Pese a haber gestionado previamente los permisos ante el Ministerio de Cultura, el Museo Nacional y la Quinta de Bolívar, en la mañana del domingo el equipo de comunicaciones de Petro informó que el gobierno saliente había negado el traslado de la espada y restringió el ingreso de la escultura de la Paz de Fernando Botero, solicitada para presidir el desfile.

Dura carrera

La llegada de Gustavo Petro a la presidencia fue el final de una dura carrera en medio de un clima de gran polarización y violencia, que incluyó amenazas de muerte para la fórmula presidencial del Pacto Histórico.

La primera vuelta se realizó el 29 de mayo, y según la Registraduría Nacional de Colombia, Petro sumó 40,3% de los apoyos, Hernández 28,2% y Federico Gutiérrez (el candidato del uribismo) 23,9%.

De esta forma, Petro y Hernández pasaron a la segunda vuelta electoral que se realizó el 19 de junio, en un proceso electoral que evidenció el descontento de la sociedad colombiana con las clases políticas tradicionales, que nunca dejó de expresarse en las protestas contra Iván Duque.

La segunda vuelta determinó la confrontación entre dos modelos: la izquierda que pide justicia social y cambios desde las bases, representada por Petro, y el discurso populista anticorrupción encarnado por el «outsider» Rodolfo Hernández.

Los dejados atrás

El 10 de mayo, días antes de la primera vuelta, el exalcalde de Medellín, Luis Pérez Gutiérrez, abandonó la carrera presidencial señalando que “los partidos políticos, que eran la vanguardia conceptual de Colombia, se volvieron reaccionarios; les da miedo el cambio social; se alejaron de los más débiles; y perdieron la esencia de la política, que es el olor a pueblo».

Diez días después, la candidata por Verde Oxígeno, Íngrid Betancourt, se retiró de la contienda para apoyar a Rodolfo Hernández (de la Liga Gobernantes Anticorrupción), afirmando que “sería el único candidato con posibilidades de derrotar a Gustavo Petro en una segunda vuelta”.

Por su parte, Federico «Fico» Gutiérrez se había posicionado como el candidato de la derecha – específicamente del uribismo- por la coalición Equipo por Colombia, con un discurso centrado en «preservar la democracia y las libertades», y la seguridad. Se perfilaba como contendor directo de Gustavo Petro, pero no logró avanzar a la segunda vuelta.

Otro que quedó atrás en la carrera presidencial fue Sergio Fajardo, autodefinido como opción de «centro», siendo señalado como «tibio» en medio de la polarización de la política colombiana, y en 2018 quedó en tercer lugar en la primera vuelta detrás de Iván Duque y Gustavo Petro.

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