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Nuevo (des)orden mundial

Fuser News

02/04/2022
Hunter Biden, hijo de Joe Biden
Un niño o una niña son un boccato di cardinale para el fino paladar de esta flor y nata occidental. No importa, igual es orden, fíjate que la Iglesia no se ha perturbado después de siglos de pederastia.

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Roberto Hernández Montoya para Fuser News

Biden anunció un nuevo orden mundial que los Estados Unidos deben encabezar. Pero ¿ese orden es verdaderamente tal?

Orden es un rompecabezas armado, una máxima compenetración de elementos de un conjunto. Un grupo incompatible de cosas dificulta o imposibilita el orden, peras y destornilladores, cuya única afinidad es que tienen volumen y peso.

La que se avecina es una confrontación radical de al menos dos grupos: Occidente por un lado y el resto de la humanidad por el otro. Los Estados Unidos y Europa se parapetan juntos tras un conjunto de recursos bélicos, culturales, jurídicos y financieros. Todo lo que no sea gringo, blanco, protestante, anglosajón o europeo occidental es radicalmente execrado. Sobre todo no es posible que nada sea ruso.

Todo lo que es eslavo, desde la literatura hasta la ensalada, es excluido o exiliado. Esta conducta se ha ridiculizado, con razón porque llega a lo risible y lo sobrepasa. En Alemania prohíben el uso de la letra z como símbolo de la presencia rusa en Ucrania. El Zorro la tendrá difícil. Así de ridícula es esta fobia.

El exterminio

En la lucha por la supervivencia, los seres humanos hemos desarrollado modos de aceptación/rechazo de grupos distintos, desde el cantadito al hablar hasta el tono de la piel. Cualquier elemento puede ser un rasgo distintivo de El Otro. Para sobrevivir los humanos somos tan excluyentes que podemos llegar al exterminio, desde la población neandertal hasta la indígena americana. La neandertal desapareció; la indígena sobrevivió de vaina. Pero esos grupos eran bien reconocibles.

El colmo fue el antisemitismo nazi, porque la población judía de Alemania no tenía rasgos distintivos tan obvios como el tono de la piel o del habla. Tuvieron que desarrollar una sensibilidad zahorí para detectar gente judía. Sartre dijo que el antisemita ejemplar es el que se queda súbitamente impotente al enterarse de que su amante es judía.

No dudo de que haya maneras de distinguir a una persona judía de una goy —גוי ‘no judía, gentil, nación general’. Pero hay que aplicarse. Hubo nazis que se jactaban de reconocer la gente judía nada más verla. Embuste. Por eso ordenaron a quienes se reconocían de fe judía bordarse una estrella de David  en un lugar bien visible de la ropa. Solo así.

Lo que quiero prosar es que este fenómeno de apartheid no es nuevo en la historia inhumana. En la Edad Media y más recientemente la religión de amor execraba a la gente judía, musulmana, pagana y hereje en general. La quemaba viva en plazas. Amorosamente. Y se perseguían las prácticas judaizantes entre la población convertida a la fuerza, cariñosamente llamada marrana.

¿Cuál orden?

Hunter Biden y Joe Biden

¿Es eso orden? Depende. ¿De qué depende? Podemos verlo como una exacerbación del orden. O como me dijo una vez un racista queriendo hacérseme simpático: «Está bien, los negros son superiores, pero ellos allá y yo acá». Más orden imposible. Cada quien con su cada cual, cada oveja con su pareja. Que cada quien se dé su puesto.

El problema es que el orden occidental no parece orden nada. Sobre todo si lo practica la elite depravada, crápula, pedófila, que cría infantes en granjas ucranianas para venderlos a las burguesías occidentales que tienen islas de pedofilia a las que acuden Trump, los Clinton, príncipes británicos, como Andrés, excelentísimo duque de York, así como estrellas de Hollywood. Un niño o una niña son un boccato di cardinale para el fino paladar de esta flor y nata. No importa, igual es orden, fíjate que el de la Iglesia no se ha perturbado después de siglos de pederastia.

Es la única institución en que la violación de menores es contumaz y sistemática. Generalizar es incorrecto y por eso no lo hago, pero hay hasta cardenales revolcándose en ese metaverso. En 20 años se han acumulado 200 000 casos de pederastia solo en Francia. Se dice fácil. Pero es tan sólido el orden eclesial que no se ha tambaleado por esta denuncia de un personaje de la alta elite  católica francesa. La feligresía sigue en misa.

O sea, que eso de orden tiene su según y como. Porque en la computadora portátil de Hunter Biden, que dejó olvidada no sé dónde, es el hijo del otro Biden, hay para desbordar a Sodoma y Gomorra. Empezando —o terminando— por el financiamiento de las fábricas de armas biológicas ucranianas, practicado por su empresa. Ahí hay videos de él violando a una sobrina menor de edad, orgías y demás. Sin hablar de otros videos con hijas de expresidentes, pero que al menos ya son mayores de edad. Ya ves que esa laptop tiene de todo. En orden.

Todo depende de lo que llamemos orden. Para alguna gente ese es el orden ideal, la utopía. Poder comprar menores y saborearlos en una isla puede ser apreciado como una preeminencia magnífica por la gente de abolengo y casta. Montar una guerra al borde del holocausto nuclear para perder al planeta y salvar una economía decrépita es un orden exquisito, digno del exigente antojo de las elites de Wall Street.

Debemos aprovechar estos días para entrenarnos en la detección de cosas rusas —y chinas— para bombearlas bien lejos. Habrá que execrar el arroz chino tanto como ya nos da náuseas la ensalada rusa. A eso llegaremos si nos dejamos por la familia Biden. O Trump.

@rhm1947

 

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