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ESPECIAL | 11-S: cuando el mundo cambió para siempre (II)

Fuser News

12/09/2023
El yihadismo y el terrorismo se han multiplicado en la última década, mientras las familias que perdieron a sus seres queridos siguen presionando a sus autoridades de EE.UU. para saber toda la verdad sobre lo que pasó el 11-S para obtener un cierre, aunque sus vidas y las del resto del mundo hayan cambiado para siempre.

K. Jiménez

El entonces presidente de Estados Unidos (EE.UU.), George W. Bush estaba en la escuela primaria Emma E. Booker de Sarasota, Florida, cuando a las 8:47 de la mañana le informaron que «un pequeño avión de dos motores» chocó contra una de las Torres Gemelas de Nueva York.

A las 9:05, mientras leía a un grupo de niños, su jefe de gabinete, Andrew Card, le susurró al oído: “Un segundo avión golpeó la segunda torre. Estados Unidos está siendo atacado”. El presidente sólo asintió con la cabeza: «No quería levantarme de la silla y asustar a un salón lleno de niños. Entonces esperé”, explicaría después para un documental de la BBC.

Pero el hecho no le había tomado desprevenido. El 6 de agosto, Bush estaba en su rancho de Crawford, Texas, cuando recibió el informe titulado «Bin Laden decidido a golpear dentro de EE.UU.», el cual fue desclasificado y publicado en abril de 2004 por The New York Times.

Aunque funcionarios como Condoleezza Rice matizaron su contenido, el informe señalaba que en 1998 un servicio de inteligencia no especificado conoció del plan de Bin Laden para secuestrar un avión estadounidense y presionar la liberación del «Jeque Ciego», Omar Abdel-Rahman, condenado en 1995 por conspirar para explotar varios puentes neoyorquinos.

Además, afirma que «miembros de Al Qaeda, incluyendo algunos con ciudadanía estadounidense, han vivido o viajado a EE.UU. durante años y el grupo aparentemente mantiene una estructura de apoyo que podría ayudar a realizar atentados». Esta descripción calza con algunos de los secuestradores del 11-S.

ESPECIAL | 11-S: cuando el mundo cambió para siempre (I)

 

Guerra contra el terrorismo

Al día siguiente del atentado, Bush pidió a los asesores de la CIA Cofer Black y George Temet que le diseñaran un plan para liquidar al líder de Al Qaeda. El 17 de septiembre, declaró formalmente la «Guerra contra el terrorismo«, mientras siete agentes del «Comando Jawbreaker» iniciaban su viaje al norte de Afganistán para reclutar combatientes en apoyo a la Alianza del Norte, un reducto muyahidín de resistencia al gobierno talibán.

El 7 octubre, EE.UU. invadió Afganistán dando inicio a su operación «Libertad Duradera», con la finalidad de derrocar a los talibanes que habían dado cobijo a Bin Laden. Primero comenzaron los bombardeos con ayuda de la aviación británica, antes de la ocupación terrestre. El 13 de noviembre cayó Kabul, la capital, y tres semanas más tarde tomarían el control de Kandahar.

Sin embargo, Bin Laden y los principales líderes talibanes lograron huir a la vecina Pakistán y otros países de Asia y África. Un nuevo tipo de guerra estaba a punto de comenzar.

La operación costó 578.000 millones de dólares y se extendió a Filipinas, el Cuerno de África, Georgia, el Sáhara, el Sahel, Centroamérica y el Caribe. A partir de diciembre de 2001, fue reemplazada por la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, constituida por mandato del Consejo de Seguridad de la ONU y liderada por la OTAN, con vigencia hasta 2014.

Violaciones a los DDHH

En su guerra global contra el terrorismo, la CIA utilizó la tortura para obtener confesiones de los capturados durante la operación, quienes fueron trasladados a prisiones secretas, no sólo en Afganistán, sino también en Polonia, Rumania, Tailandia, Letonia y Guantánamo (Cuba).

El 7 de febrero de 2002, el presidente Bush firmó un memorando en el que señaló que a los detenidos en la operación no les correspondían las protecciones establecidas en el artículo 3 de la Convención de Ginebra, referido al tratamiento de prisioneros de guerra.

Aunque tenían tiempo usando el llamado «interrogatorio mejorado» con métodos de tortura como la privación de sueño, golpes y aislamiento, la administración de Bush autorizó formalmente a la CIA para utilizar el ahogamiento simulado a partir del 26 de julio de 2002, con el aval del ministro de Justicia, John Ashcroft.

Luego, el mundo vio con horror las fotos que mostraban las vejaciones que sufrieron los detenidos en las cárceles de Guantánamo y Abu Grahib. Muchos de ellos fueron simplemente «perfilados» como terroristas por su lugar de nacimiento y religión. En el Centro de Detención Metropolitano de Nueva York, fueron encerrados decenas de varones a los que se suponía árabes, sudasiáticos o musulmanes, quienes pasaron meses siendo torturados e incomunicados antes de ser declarados inocentes de terrorismo.

Wikileaks

Estas atrocidades fueron expuestas ante la opinión pública mundial por el periodista y ciberactivista australiano Julian Assange, creador del portal WikiLeaks. Allí, fueron filtrados miles de documentos oficiales que demostraban los crímenes de lesa humanidad cometidos por EE.UU. durante las invasiones de Afganistán e Irak.

Assange se enfrenta a 175 años de prisión por delitos de espionaje, y ha pasado los últimos cinco años de su vida en la prisión de Belmarsh, al sureste de la capital de Reino Unido, cuya justicia autorizó su extradición, pese a los pedidos de la comunidad internacional por su libertad.

El sitio web https://dontextraditeassange.com/ señala que “una prensa libre es incompatible con el encarcelamiento y la extradición de periodistas que revelan material, incluidas las atrocidades de la guerra y los derechos humanos. abusos, en el interés público”, señalan.

Huida de Afganistán

Finalmente, tras 20 años de invasión, las tropas estadounidenses abandonaron Afganistán de forma intempestiva en agosto de 2021, con lo cual los talibanes retomaron el poder. La salida de los marines había sido una promesa hecha por el antecesor de Joe Biden, Donald Trump, quien en su campaña de 2016 se refirió como «guerras interminables» a los conflictos de Afganistán e Irán, donde el «modelo de democracia occidental» no pudo instalarse por la fuerza.

Pero, ¿cuál es el saldo del 11-S? Tal como describe el corresponsal de la BBC Jon Sopel, «miles de militares han regresado con prótesis y mentes perturbadas. Las tasas de suicidio han aumentado. Las familias han perdido a sus seres queridos. En las calles de EE.UU. hay hombres con vasos rojos de plástico para pedir limosna, muchos de ellos con carteles que dicen que son veteranos de Irak y Afganistán». A ojos de muchos, no fue más que un segundo Vietnam y un fracaso de la política internacional estadounidense.

Mientras tanto, divisiones de Al Qaeda surgieron en el Medio Oriente, como es el caso del Estado Islámico o ISIS y han extendido sus ramas a la la región del Sahel y el oeste de África, siendo las principales el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), y el Estado Islámico del Gran Sáhara (EIGS). En África, ambas ramas compiten por la fidelidad de los grupos armados locales atacando objetivos civiles.

El yihadismo y el terrorismo se han multiplicado en la última década, mientras las familias que perdieron a sus seres queridos siguen presionando a sus autoridades de EE.UU. para saber toda la verdad sobre lo que pasó el 11-S para obtener un cierre, aunque sus vidas y las del resto del mundo hayan cambiado para siempre.

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