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Documentos demuestran que EE.UU. usó las redes sociales para influir en elecciones venezolanas

Fuser News

16/11/2021
Documentos demuestran que EE.UU. usó las redes sociales para influir en elecciones venezolanas
La cuestión que plantean estos documentos recién obtenidos no es si Maduro es “bueno” o “malo”, sino si los contribuyentes estadounidenses deberían financiar y entrenar a los miembros de la oposición venezolana para que utilicen Facebook en sus campañas políticas de derecha.

Raymar

Fuser News con información del Observatorio Nacional de Medidas Coercitivas Unilaterales

De: Tim Gill y Christian Lewelling

En los últimos meses, legisladores de EE. UU han cuestionado a Facebook por prácticas que perjudican la salud de los niños, amplifican la violencia  y difunden información errónea en torno a Covid-19. Estas críticas se producen a raíz de la filtración de miles de documentos internos de la empresa, conocidos como “Facebook Papers” (Los Papeles de Facebook), que revelan que, a pesar de conocer el efecto de sus productos en el fomento de una serie de comportamientos tóxicos, Facebook se ha negado a tomar ninguna medida significativa, anteponiendo sus beneficios a la salud social.

Sin embargo, mientras en el Congreso de EE.UU., aprovechan las repercusiones de la filtración para intensificar los ataques contra el gigante tecnológico, los contribuyentes también podrían estar interesados en saber que el gobierno estadounidense ha financiado programas para entrenar a los partidos políticos aliados y sus activistas  en el uso de Facebook para socavar a los gobiernos extranjeros. Venezuela es un ejemplo de ello.

Tras la muerte del expresidente socialista Hugo Chávez, el Instituto Nacional Demócrata (ndi.org)  -un brazo independiente del gobierno estadounidense creado para financiar y apoyar a los partidos políticos en el extranjero de una manera más formal que la Agencia Central de Inteligencia (CIA)- financió a miembros de la oposición venezolana para que utilizaran el gigante de las redes sociales a fin de movilizar a sus partidarios y atraer a los seguidores del gobierno socialista “al otro lado del pasillo”.

Documentos del gobierno estadounidense, obtenidos a través de una solicitud de la Ley de Libertad de Información (FOIA, por sus siglas en inglés),  ilustran cómo el gobierno desarrolló un programa centrado en el uso de Facebook para ayudar a la oposición venezolana en las elecciones municipales de 2013 y en las legislativas de 2015.

Los documentos muestran, en otras palabras, que el gobierno de Estados Unidos está utilizando activamente las redes sociales para inmiscuirse en las elecciones de otros países.

La crisis de Facebook

Es un hecho conocido que activistas de todo el mundo han utilizado Facebook, Twitter y otros medios online para transmitir mensajes, coordinar protestas e incluso tratar de derribar gobiernos. Dada la importancia de Facebook en particular, ha ido aumentando la presión política para regular los mensajes que se emiten y circulan por esta plataforma. Legisladores estadounidenses, por ejemplo, han criticado a la empresa por no tomar medidas contra las supuestas campañas de desinformación de Rusia destinadas a sembrar el caos e influir en las elecciones de Estados Unidos.

Además, muchos han denunciado que la corporación no ha tomado medidas contra los activistas que apoyan a Trump y que afirmaron que las elecciones de 2020 fueron fraudulentas y utilizaron el sitio para organizar la rebelión del 6 de enero, el asalto al edificio del Capitolio, en Washington, DC.

A raíz del escándalo llamado los “Facebook Papers”, desde el Congreso estadounidense se han reavivado sus críticas al gigante tecnológico. Documentos revelan que los ejecutivos de Facebook sabían que la “mecánica central” de sus plataformas (es decir, los algoritmos) conducen a los usuarios a las publicaciones más sensacionalistas, controvertidas y polarizantes dentro de su feed (muro), lo que provoca una serie de efectos socialmente tóxicos.

Por ejemplo, los documentos revelan que, a pesar de la investigación interna que verifica que la aplicación de Instagram (propiedad de FB) daña la autoestima de los niños; pese a ello, los ejecutivos de Facebook siguieron adelante con los planes para desarrollar una aplicación similar para niños menores de trece años, y solo detuvieron estos planes dos semanas después de que los “Facebook Papers” salieran a la luz. También se detalla la creciente preocupación en ciertos niveles de la compañía sobre los impactos sociales más amplios de la plataforma, que van desde su facilitación de la violencia política y la difusión de desinformación Covid-19 hasta su uso por parte de cárteles de la droga, traficantes de personas y grupos armados para contratar sicarios, documentar asesinatos, atraer a las mujeres a la servidumbre y promover el genocidio en países como Myanmar.

Los documentos muestran que, en respuesta, los ejecutivos de Facebook dieron prioridad a los beneficios, negándose a tomar ninguna medida concreta -optando en su lugar por tácticas de gestión de las relaciones públicas- por temor a que la alteración de sus algoritmos redujera la participación de los usuarios y, por tanto, el crecimiento de la plataforma.

El resultado ha sido la peor crisis política de la historia de la compañía (al menos desde Cambridge Analytica), lo que obligó a la empresa a anunciar un cambio de marca. Los legisladores, tanto demócratas como republicanos, han aprovechado la crisis para incrementar sus críticas contra Facebook, e incluso han manifestado su apoyo bipartidista a una mayor regulación del gigante tecnológico.

La senadora Marsha Blackburn (Republicana), por ejemplo, ha declarado: “Está claro que Facebook da prioridad a los beneficios sobre el bienestar de los niños y de todos los usuarios”, mientras que el senador Richard Blumenthal (Demócrata) sugirió que éste puede ser el “momento de las grandes tabacaleras” de Facebook, en referencia a la indignación y al menor consumo de tabaco en Estados Unidos tras las revelaciones de las maquinaciones de la industria para sembrar la duda sobre los efectos negativos de sus productos en la salud.

Resulta algo divertido escuchar a los senadores estadounidenses expresar su preocupación por la orientación de una empresa hacia la obtención de beneficios en una sociedad capitalista, sobre todo cuando varios de ellos poseen millones en acciones de Big Tech. Pero sean cuales sean las críticas de los políticos estadounidenses al impacto de Facebook en su país, el gobierno de Estados Unidos no deja de utilizarlo para promover sus propias políticas imperialistas en el extranjero.

Intervención financiada por EE. UU.

A partir de octubre de 2013, la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) -una agencia gubernamental creada por la administración Reagan- proporcionó casi 300.000 dólares al Instituto Nacional Demócrata (NDI) para un programa denominado Venezuela: Mejora de la formación y las habilidades de comunicación para los activistas políticos. El NDI también se fundó bajo la administración Reagan, como brazo internacional del Partido Demócrata, junto a su homólogo, el Instituto Republicano Internacional (IRI). Sin embargo, ambos grupos suelen trabajar juntos y apoyan a los mismos actores y objetivos en el extranjero.

La NED sigue siendo la agencia matriz de ambos grupos y recibe casi toda su financiación de los contribuyentes estadounidenses. Aunque la NED y el NDI afirman su independencia del gobierno estadounidense, ambos deben informar de sus actividades al Congreso, que siguen estando sujetas a las solicitudes de la Ley de Acceso a la Información (FOIA).

“La indignación por la supuesta intervención rusa en las campañas electorales estadounidenses no ha cesado. Entonces, ¿por qué es permisible que el gobierno de Estados Unidos se involucre en un comportamiento explícitamente partidista en el extranjero?”.

En la descripción del programa, la NED afirma que “el gobierno venezolano ha intentado controlar los medios de comunicación de masas del país, utilizándolos como herramienta para coaccionar a sus ciudadanos”. Como resultado, la NED informa de que los opositores y “los activistas políticos tienen especiales dificultades para comunicarse con los ciudadanos, así como para organizar y movilizar a sus partidarios”. Por otro lado, la NED describe las redes sociales como “menos vulnerables a las restricciones del gobierno y… una herramienta útil para los activistas políticos independientes en Venezuela para difundir mensajes y organizarse”.

Aunque la NED describe cuidadosamente a estos activistas como independientes, está claro que este programa fue diseñado para activistas y miembros de partidos asociados a la organización opositora paraguas de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Formada en 2008, la MUD sigue siendo el mayor bloque de partidos de la oposición dentro de Venezuela, y trata de unificar los partidos de la oposición existentes detrás de un candidato de consenso contra los miembros del Partido Socialista de Venezuela (PSUV), el partido de Chávez y Maduro, en las contiendas electorales. Sus principales partidos son Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular; a éste último pertenece Juan Guaidó, el líder opositor respaldado por Estados Unidos que ha intentado deponer a Maduro de forma anti democrática, incluso por la fuerza, y al que algunos países aún reconocen como legítimo líder de Venezuela.

Tras la muerte de Chávez en marzo de 2013, y la posterior victoria presidencial de su sucesor Nicolás Maduro al mes siguiente, la oposición comenzó a trazar estrategias para las elecciones municipales de diciembre de 2013 y, lo que es igual de importante, las legislativas de 2015. La NED cuenta que, aunque las redes sociales siguen siendo clave para la organización política contemporánea, la oposición no estaba equipada en “el uso de los medios sociales y otras tecnologías de la información y la comunicación (TIC)”.

En respuesta, la NED financió al NDI para que prestara varios servicios a la oposición venezolana.

En primer lugar, el NDI planificó y organizó “un seminario fuera de Venezuela sobre el uso de la tecnología y los medios sociales para la divulgación y el compromiso de los ciudadanos”. Además, el NDI creó una “caja de herramientas virtual” alojada en un sitio respectivo titulado Red Innovación, un sitio también financiado por el NED, que ofrece “cursos en línea personalizados de desarrollo de capacidades sobre una serie de temas relacionados con la innovación política”. El sitio y sus cursos siguen activos.

Luego de las elecciones municipales de diciembre de 2013, el personal del NDI organizó una “sesión de revisión de estrategias” con miembros de la oposición “para desarrollar estrategias a más largo plazo para mantener el contacto con los ciudadanos y mejorar su capacidad de comunicación y difusión de información mediante las TIC.” Además, el NDI contrató a un consultor “para que proporcionara entrenamiento continuo a los participantes del programa”.

Tras la aplicación de su programa, el NDI comentó sus resultados en su página web. De hecho, consideraron este programa como un caso de éxito.

Con la financiación y la formación del NDI, la MUD “movilizó una base de datos de votantes que identificó y se dirigió a los votantes indecisos a través de las redes sociales” y, de hecho, en diciembre de 2015, la oposición obtuvo la mayoría en la Asamblea Nacional de Venezuela por primera vez desde que Chávez llegó al poder en 1999. El NDI describe cómo la MUD creó una base de datos de votantes, lo que le permitió “extrapolar conclusiones sobre las inclinaciones de los partidos políticos para grandes porciones del electorado… calculando la probabilidad de que un votante fuera partidario del PSUV, partidario de la MUD o un votante indeciso”.

La MUD creó entonces dos grupos: los que se inclinan por apoyar a la MUD (Grupo A) y los que se inclinan por apoyar al PSUV (Grupo B). A continuación, el NDI describe la forma específica en que la MUD utilizó Facebook para llegar a estos grupos:

“…la MUD llevó a cabo su campaña en las redes sociales de Facebook, que se dirigió a los votantes con diferentes mensajes teniendo en cuenta sus inclinaciones políticas. La MUD se dirigió a los votantes del Grupo A con mensajes para conseguir el voto, mientras que se dirigió al Grupo B con información sobre los candidatos del PSUV, diseñada para atraerlos al otro lado del pasillo. Utilizando su base de datos, la campaña también identificó a 8,5 millones de votantes en Facebook y se dirigió a ellos con mensajes igualmente específicos. Las métricas de Facebook indicaron que los mensajes dirigidos llegaban a más personas que las campañas anteriores. El día de las elecciones, la campaña había llegado a 6,3 millones de votantes y 2,9 millones habían interactuado con el contenido de la campaña en Facebook al menos una vez”.

Al final, el NDI se atribuyó el éxito de la oposición en la elección parlamentaria, escribiendo que esta estrategia “en última instancia, jugó un papel importante en su rotunda victoria en las elecciones de 2015”. En criterio de la NED,  el esfuerzo de dos años antes de las elecciones para sensibilizar, formar y alinear las estructuras nacionales y regionales de comunicación de todos los partidos que conforman la MUD fue un “factor determinante” en el éxito de la coalición en las elecciones parlamentarias de 2015. De hecho, el NDI organizó este “esfuerzo de dos años” para capacitar a los miembros de la MUD en el uso de las redes sociales en su campaña contra el PSUV, como se detalla en la subvención que recibieron de la NED.

  • Ni el personal de la NED ni el del NDI devolvieron los mensajes en busca de comentarios.

Una larga historia

No es de extrañar que el gobierno estadounidense financie un programa de este tipo. Estados Unidos tiene un largo -y sangriento- historial de intervenciones en todo el mundo, especialmente en América Latina. Incluso intentó crear una nueva plataforma de medios sociales en Cuba (Red ZunZuneo, 2014) para deponer al gobierno. Y en Venezuela, durante las últimas dos décadas, el gobierno estadounidense ha intentado continuamente deponer a Chávez y ahora a Maduro del poder. Sin embargo, estas estrategias han fracasado en última instancia, ilustrando algunos de los límites del imperialismo estadounidense.

La cuestión que plantean estos documentos recién obtenidos no es si Maduro es “bueno” o “malo”, sino si los contribuyentes estadounidenses deberían financiar y entrenar a los miembros de la oposición venezolana para que utilicen Facebook en sus campañas políticas de derecha.

De hecho, la indignación por la supuesta intervención rusa en las campañas electorales estadounidenses no ha cesado. ¿Por qué, entonces, es permisible que el gobierno de Estados Unidos se involucre en un comportamiento explícitamente partidista en el extranjero? ¿Por qué el gobierno estadounidense recibe el aval -a pesar de su larga historia de violencia- para intervenir en los procesos políticos de otros países?

 

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