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De las MCU al Lawfare, el viaje de Alex Saab

Fuser News

19/08/2022
De las MCU al Lawfare, el viaje de Alex Saab
Las mal llamadas medidas coercitivas impuestas unilateralmente por el Gobierno de los EE.UU. contra Venezuela buscaban presionar por medio del malestar social.

Luisana Castro

Por: Susana Ramos

Para entender mejor lo que sucede en torno al caso del diplomático venezolano Alex Saab, hace falta ahondar en otros dos factores que circundan los hechos y que influyeron de manera directa en lo que hoy conocemos como el mayor secuestro que se haya cometido en contra de la diplomacia mundial. Se trata de lawfare en Latinoamérica y las medidas coercitivas unilaterales impuestas por el gobierno de los EE.UU. contra Venezuela desde 2015 aproximadamente.

Y es que una cosa no puede existir sin la otra, sin sanciones y bloqueo no hubiera existido un Alex Saab que saliera en misión humanitaria para conseguir los insumos que Venezuela necesitaba para sobrevivir, no solamente de una pandemia, que para la fecha ya habría cobrado la vida de un alto porcentaje de la población, sino también de un cerco financiero de los más agresivos que algún país del mundo haya tenido que enfrentar jamás. Sin un diplomático en misión humanitaria ayudando a Venezuela no hubiera existido una amenaza directa a los intereses de EE.UU. (que podrían fácilmente resumirse en matar a la población de hambre), y por ende no hubiera existido un secuestro, llevado a cabo con la complicidad del Gobierno de Cabo Verde y otros entes. Sin ese secuestro no hubiera hecho falta aplicar un lawfare, que fue cuidadosamente creado para aportar un poco de credibilidad y proporcionar sustancia a un caso que no tiene como sostenerse por sí mismo, pues como se ha demostrado ya, el caso de Alex Saab no tiene sustento jurídico. Hablamos entonces de que estos dos factores se complementan en un todo para formar este cóctel de violaciones a todas las leyes que conocemos: Convención de Vienna, Derechos Humanos, inmunidad diplomática, debido proceso, soberanía de un país y pare usted de contar. Lo que si tenemos claro es que las bases fundacionales de la situación fueron todas creadas desde nada más y nada menos que EE.UU. y contaron en todo momento con la complicidad y el patrocinio de otros agentes que, desde afuera, se dejan ver como autores materiales de un crimen gravísimo contra el derecho internacional. Si bien los motivos del secuestro de Alex Saab son aristas de un mismo diamante, no podemos dudar que la principal causa ha sido la fijación del Gobierno de los EE.UU. por derrocar a un gobierno que se negó desde su mismísima existencia a dejar que se implantara alguna doctrina de dominio global que atentara en contra de su soberanía, Pues para nadie es un secreto que la implementación del pensamiento hegemónico yankee en nuestro territorio sumado a una política exterior injerencista ha dejado a Latinoamérica sumida en una larga lista de intervenciones, (militares o no) que sólo han traído consigo retraso y pobreza. Sin embargo, el uso de la intervención militar directa para derrocar un gobierno quedó aislado en el tiempo, puesto que ya no es considerada una práctica habitual de nuestros días.

Ahora bien, si el lawfare puede ser interpretado como una guerra jurídica, o “una guerra por otros medios”, implementada por potencias como EE.UU. contra Estados o grupos de otros Estados que amenacen de algún modo los intereses del sector público-privado de EE.UU.  y sus aliados, podemos decir que lo que se vive en Venezuela actualmente no es otra cosa que una Guerra, quizás sea no convencional, pero guerra al fin. No nos sorprende pues en absoluto que el diplomático Alex Saab se haya convertido en un objetivo para el Gobierno de los EE.UU. puesto que constituye una pieza fundamental en su lucha por continuar su persecución contra el Gobierno de Venezuela. Entendiendo esto podemos ver como “el lawfare es utilizado para conducir “cambios de régimen” en espacios considerados “no aliados”, Estados fallidos”, etc., utilizando herramientas del poder blando (incluida la judicialización), prescindiendo del uso de la fuerza militar, o dejándola en un segundo plano (Korybko, 2019; Romano y Tirado, 2018). Las mismas herramientas que se han utilizado en contra del diplomático Alex Saab, levantando contra él un caso sin precedentes en el que un diplomático, (debidamente acreditado por el país emisor, Venezuela, y plenamente reconocido por el país receptor, Irán) es retenido sin una orden de detención, sin argumentos jurídicos, violando sus derechos y apoyados en el uso del sistema judicial para atacar un objetivo por razones netamente políticas.

Sabemos que las mal llamadas medidas coercitivas impuestas unilateralmente por el Gobierno de los EE.UU. contra Venezuela buscaban presionar por medio del malestar social y causar un estallido que permitiera la salida del Presidente electo democráticamente Nicolás Maduro, pero muy contrario a esos resultados terminaron provocando hambre y miseria, y condujeron a la población a un éxodo masivo hacia otros países, en su mayoría latinoamericanos. Los resultados no eran los esperados y esto trajo consigo también el secuestro y posterior extracción a EE.UU. de Saab. Sin embargo, “el lawfare también trasciende el ámbito jurídico porque requiere de una articulación con el aparato mediático y redes sociales, que otorgan visibilidad y relevancia al rol de los juzgados, reproduciendo la selectividad y parcialidad de los tribunales, apoyados en voces expertas de think tanks y académicos que contribuyen a manufacturar un consenso a favor o en contra de determinados sectores políticos (Chomsky y Herman, 2000)”. Es aquí donde diferentes representantes de medios de ultraderecha entran en escena, pues grandes medios de comunicación de Miami y algunos mercenarios de la comunicación en Colombia se han hecho eco de historias falsas en contra de la familia Saab. Estos personajes viven escudados en “periodismo de investigación” y publican artículos de narrativa dudosa, carentes de argumentos serios y objetividad periodística, esto sin contar que a la fecha no existe un solo medio que haya presentado alguna prueba que sustente su acusación contra Alex Saab, esto sucede porque hay una gran diferencia entre contar la verdad y manipular con la verdad. Existen momentos en los que puedes utilizar hechos reales para tratar de influir en la percepción colectiva sobre algún tema específico, pero cuando planeas manipular la percepción de la gente en vez de decir la verdad, entonces incurrirás en mentiras, medias verdades, distorsiones y mentiras por omisión. Esto es exactamente lo que se ha hecho contra el diplomático.

El mundo se mantiene convulso y excitado ante el torrente de noticias (en su mayoría fake news) contra Alex Saab, sin embargo, nadie pareciera poner especial atención en el uso criminal que EE.UU. le da a sus MCU, que hasta la fecha funcionan como arma de guerra contra población indefensa y que lleva en su haber cifras interminables de mortandad, además que, al final del día fueron una de las principales causas por las que Alex Saab perdió su libertad. Nadie parece entender que el lawfare es un arma de doble filo en el que se nos muestra como el sistema judicial y las leyes pueden ser utilizadas en contra de un ser humano inocente, con el único propósito de destruirlo moralmente, atacando también a su familia y valiéndose de la calumnia y difamación para conseguir eliminarlo como enemigo. En fin, No puede ser legal utilizar el periodismo para dañar personas inocentes que han cumplido labores para salvaguardar a una población entera. No puede ser legal escudarse en una profesión tan respetada y respetuosa como el periodismo para vender mentiras y canjear medias verdades a un mejor postor. Actualmente Venezuela se debate entre la injerencia norteamericana, las sanciones y el bloqueo que pretenden hacer mermar la paciencia de sus ciudadanos, sin embargo, desde 2015 y antes, hemos resistido. Dignidad y  fortaleza nos sobra, Alex Saab es la muestra viviente de ello.

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